martes, 5 de febrero de 2013

ENTRE GALLOS Y MEDIANOCHE


ENTRE GALLOS Y MEDIANOCHE

Nadie ignora hoy día el gran valor de las redes sociales. Sin duda alguna. Pero así como sirve para construir, me da la sensación que es más útil para destruir… Digo porque las cosas que escribe la gente, muy pocas veces objetivamente, y casi siempre de manera interesada, sobre todo cuando se trata de cuestiones políticas o deportivas. Sobre todo esta última que, por cierto, no entraña mayor riesgo…
Dice hoy, 5 de febrero, mi amigo Jorge Olmedo Soloaga, en su página de Facebook: Una prueba irrefutable de que la negligencia y la irresponsabilidad se enseñorea en la APF. Este fin se semana se inicia el Campeonato 2013. Nada raro si no fuera porque el Sistema con el que se va a jugar no fue ni siquiera analizado y mucho menos aprobado por los clubes ni por el Comité Ejecutivo de la APF. ¿Ustedes creen que el campeonato es legalmente valido? (SIC), lo que provoca esta reflexión, basada en hechos reales no olvidados hasta el presente.
Declaraciones como esta nos parecen desatinadas porque no se compadecen con la verdad y nos remite a actitudes reñidas con la ética y la moral.
En primer lugar el torneo es programado exclusivamente por la Divisional Profesional, de la cual forma parte Olimpia y es el organismo competente para el efecto. El Comité Ejecutivo lo aprobó en su momento. Me gustaría que mi amigo le preguntara al delegado de Olimpia, Raúl Pinto, como fue esa sesión de la que tomó parte y en la que se aprobó el sistema de campeonato vigente.
Eso ocurrió tres meses atrás y en la cena de fin de año ofrecida por la APF a sus miembros, clubes y amigos, se llevó a cabo el sorteo del calendario de juegos, la misma noche en que con la presencia de miembros de la directiva de Olimpia entre representantes de todos los clubes de todas las divisionales, se homenajeó al “Tigre” Osvaldo Domínguez. No se puede alegar el desconocimiento de un hecho por todos conocidos y ampliamente difundido por todos los Mass media, aplaudiendo la bondad del sistema.
El varias veces descrito como “paupérrimo” campeonato de la APF figura entre los TOP Ten torneos de clubes más competitivos, según la FIFA. Y el sistema utilizado es el que permitió, entre otras cosas, que el gran Olimpia llegara una vez más a la Libertadores, trofeo que lo gano con grandeza y con honor, tres veces, en tiempos pretéritos que van quedando lejos…
Si en realidad queremos un futuro mejor para nuestra patria y nuestro deporte, hay que deponer las armas y dejar de imaginar entuertos supuestamente orquestados entre “gallos y medianoche” cuando todo reluce con diáfana claridad como estos transparentes días del tórrido verano que padecemos…

200'í NOMAS...


200’í NOMÁS


El problema esta instalado. Con razón o sin ella, el Poder Ejecutivo –léase Federico Franco- dispuso reducir el costo del pasaje en 200 guaraníes. Hoy día, con ese dinero, no se puede comprar más que un caramelito o tal vez un chicle. Y nada m-as. Entonces uno se pregunta ¿tanto lío por 200’í? Eso mismo le escuche decir a más de un pasajero, el controvertido día en que el gobierno decretó el descuento, y el verborrágico gerente (o presidente, no se muy bien) de la CETRAPAN dijo que no. El debate quedó instalado
Menudo lío se armó pero el rebaño obediente y sumiso de pasajeros paraguayos, rascó las dos monedas de 100 que pensaba ahorrar para completar otros dos pasajes, en el futuro hasta que 24 horas después el empresariado cedió gua’ú, recordando aquello de retroceder un paso para avanzar dos de la táctica militar…
Cierto. 200 guaraníes es casi nada.
Pero es el epicentro de una batalla judicial que se va a desatar en cualquier momento, apenas los todopoderosos empresarios del transporte recurran a la siempre complaciente justicia ordinaria que, entre otras cosas, apaña desde hace años el funcionamiento de cerca de un millar de chatarras con ruedas, bajo el rótulo de transporte público.
Esa batalla, escenificada en el teatro electoral que concluirá el 21 de abril tiene una carga megatónica, y augura una pulseada histórica. Por un lado están los intereses de  los empresarios que lloran miserias mientras se pasean orondos en sus coches cero kilómetro y por el otro los usuarios que a cambio del pasaje que pagan (más un sabroso subsidio heredado de la izquierda caviar) contribuyen a acrecentar los ingresos de aquellos, mientras sufren encarne propia el desastroso servicio que reciben a cambio.
La situación política se plantea pues entre un gobierno que reconoce la oportunidad y justicia de un descuento en beneficio del pueblo, y un gremio que se resiste a renunciar a sus beneficios, y está dispuesto a recurrir hasta las “últimas circunstancias” en defensa de sus 200’í.
Si, es cierto, es poca plata, pero menudo entuerto se puede armar por culpa de una ínfima suma de dinero, pero que en esta pulseada alcanza trascendencia vital. Todo es cuestión de esperar qué dice la justicia y como reacciona ese pueblo que beneficiado por un decreto, puede quedar defraudado a causa de un fallo judicial.

Y es así como ese 200’í se convirtió en una auténtica pelota tatá.

domingo, 17 de junio de 2012

CIEN AÑOS DE PASION ALBIRROJA

CRONICA DE UN LIBRO ANUNCIADO
El lunes 18 de junio, el fútbol asociado cumple 106 años en el Paraguay. Para celebrar el acontecimiento y habida cuenta que la primera selección se formó en 1910, la APF, a traves de su presidente (y amig personal) en encargó escribir la historia de los 100 años de la seleccion. Debia haber salido en 2010, pero quisimos esperar la Copa del Mundo y la Copa America 2011, de modo que por esas cosas raras que ocurren en el Paraguay, la historia de 100 años, tiene 102...
Pero valio la pena. Será presentado en la gala anual del futbol, en el Centro de Convenciones de la Conmebol el lunes 18 de Junio. En mi blog, pitotroche deportivo, pueden leer el prólogo, y proximamente, la version digital en internet.





PROLOGO DEL LIBRO



PROLOGO DEL AUTOR

Siempre es grato escribir sobre cuestiones que uno le gusta. Tengo conciencia del futbol paraguayo desde aquellas noches de 1949, siendo niño aún, prendido a una radio Telefunken junto a mi padre y mis hermanos, escuchando la transmisión de la Copa América de Brasil, donde llegamos a discutir el campeonato con la selección local que se preparaba para el mundial del año siguiente. Desde entonces y hasta hoy una intensa emoción me embarga cada vez que veo en acción a nuestra querida albirroja.

A lo largo de la historia, hay recuerdos imborrables, como la noche del Miércoles Santo 1 de abril, en la que nos consagramos campeones, en Lima, y la quietud y solemnidad de los días santos, fue abruptamente interrumpida por los desbordantes festejos de aquella noche inolvidable. O la larga caravana, desde la parada del tranvía 5, frente a la antigua iglesia de Las Mercedes, que peregrinaba hacia la cancha de Libertad, convertida en santuario del fútbol, cuando las eliminatorias de 1954. O aquella tarde del 14 de julio de 1957 cuando haciendo postas en camiones, camionetas y autos, llegué a las antiguas graderías del Norte del estadio de Sajonia, justo cuando Ángel Jara Saguier movía la pelota, y comenzaba aquel histórico partido que terminaría 5-0 frente a Uruguay, y nos colocaría entre los 16 mejores equipos del mundo, que luego compitieron en el Mundial de Suecia, el año siguiente.

Para un amante del fútbol la selección es algo especial, capaz de hacer olvidar los colores de nuestros clubes, nuestras diferencias y argelerías propias del fanatismo personal, para palpitar como un solo corazón, bajo el influjo de esa albirroja que tantas alegrías nos regaló y a la cual seguimos amando pese a los años de frustraciones y desencantos. Ocurrió en las eliminatorias de México, en 1961. Se repitió con el escandaloso robo, en Buenos Aires, el 7 de octubre de 1973, y en las veces que la FIFA o la CONMEBOL, quien quiera que haya sido, nos condenaron a ser victimas, una y otra vez, de los dos grandes del fútbol sudamericano.

Hasta que un paraguayo, inspirado en los sagrados postulados del deporte y a sabiendas e que con el formato de las eliminatorias hasta el mundial de Estados Unidos, en 1994, los equipos chicos –nosotros, Bolivia, Ecuador, Colombia, Chile, Venezuela, Perú- teníamos pocas o ninguna posibilidad de llegar a las finales mundialistas. Y se creó el sistema actual que permitió que en los últimos cuatro campeonatos del mundo quedara solamente una selección sin llegar a la gran cita ecuménica, poniendo muchas veces en serios aprietos a los grandes, y dejando en el camino alguna vez a uno de nuestros campeones mundiales.

Por eso la selección se ha convertido en el icono mas preciado del deportista paraguayo, porque ya le regaló cuatro campeonatos del mundo, y se convirtió en Atenas, en 1994, en el único deporte paraguayo, ganador de una medalla olímpica, y nada menos que de plata.

Este libro está escrito con pasión, reviviendo en la memoria y en corazón todos los momentos vividos desde 1950 hasta la fecha. Imaginando cómo habrá sido aquella tarde octubre de 1921, cuando a Gerardo Rivas confundiéndole con un pibe a la caza de una entrada gratuita le impidieron llegar al estadio de Sportivo Barracas. Y cuando se deshizo la confusión, y luego del partido, fue paseado en andas, por haber anotado el primer gol paraguayo en la historia de la Copa América, y conducido al equipo a un triunfo de memoria imborrable.

Así, paso a paso, a lo largo de 112 años, si contamos que la primera selección formada oficialmente enfrentó, el 24 de mayo de 1910, a un equipo correntino, en la vecina ciudad argentina, igualando 0-0, aunque los encuentros considerados oficiales hayan empezado recién en 1919, y frente a la selección argentina, y se hayan repetido sin pausa, excepto en los años de la Guerra del Chaco- hasta nuestros días.

Este documento es pues también un tributo a quienes durante este siglo y pico han dado vida a innumerables selecciones paraguayas y han sido artífices de inolvidables jornadas de gloria.

José María Troche



miércoles, 24 de agosto de 2011

HACKER: La SEGURIDAD DIGITAL Y LA NOTABLE DEMOSTRACION DE UN EXPERTO


Adrián Paenza es un conocido periodista argentino, experto en matemáticas y en cuestiones referidas a la computacion. Cuenta esta experiencia, con un hacker de nivel mundial, en una conferencia. Compartamos esto y aprendamos un poco mas del asunto.

Pablos (sí, con “ese” final) Holman es uno de los top hackers (1) en el mundo. Nació en Alaska hace 39 años. Su verdadero nombre es Paul Holman. Es una persona muy capaz en lo que hace. Se pasea dando charlas sobre su profesión. El día que hizo su presentación en Estocolmo, los diarios lo definieron como un “delincuente con carisma”, cosa que él mismo no niega. “Un hacker tiene la mente diferente. Nosotros pensamos distinto. Miramos el mundo desde otro lado.”

Hace unos días, en Chicago y ante unos 400 asistentes a TEDxMidWest, Holman contó algunas experiencias a las que le sugiero que les preste atención, sobre todo si a usted le interesa saber cuán protegido está cuando usa su computadora personal o su teléfono celular.

Se subió al escenario con su laptop conectada a una pantalla gigante que tenía atrás. Dijo que él, como la mayoría de los invitados a estas charlas, había pasado la noche anterior en un hotel (mientras se veía una foto de la habitación) (2): “Aburrido como estaba, y sin nada atractivo para ver en la ventana, me decidí a hacer lo que hace la mayoría de las personas que pasan las noches fuera de sus casas: mirar televisión. La diferencia está en que los televisores de los hoteles funcionan en red. Están conectados con una ‘cajita’ (parecida a la del ‘cable’ de su casa) por la que llega no sólo la programación de los canales sino que uno también puede ver películas o jugar con los videojuegos”.

“Como no me gusta pagar por estos servicios que deberían estar incluidos en el precio de la habitación, conecté este pequeño aparato (y lo muestra en la pantalla) –que no es muy caro, no llega a los cinco dólares–, y una vez que todo estuvo ubicado, me dediqué a mirar películas y también a jugar. Pero como ninguna de las películas ni los juegos me resultaba interesante, decidí ver qué es lo que estaban mirando otros pasajeros del hotel.”

Acá, una pausa: póngase usted en el lugar de alguno de esos pasajeros que estaban en el auditorio. Holman siguió con un toque de sarcasmo.
“Advertí que muchas personas estaban mirando películas pornográficas, y como no creí que eso fuera adecuado decidí cambiarles el canal y ponerles algunos dibujos animados que el hotel también ofrecía. De esa forma, estarían mejor preparados para las charlas de hoy.”
Y siguió: “Pero como aún así me aburría un poco, me dediqué a mirar lo que estaban haciendo otros pasajeros con sus computadoras, especialmente aquellos que estaban usando el televisor de la habitación como monitor. Siempre es atractivo mirar qué páginas de Internet recorren y cuáles son sus áreas de interés. Ciertamente, es mucho más entretenido que mirar televisión”.

La incomodidad en el auditorio se hacía evidente. Sonrisas nerviosas. Murmullos. ¿Sería verdad lo que estaba diciendo Holman?
Pablos siguió, inmutable: “Al margen de quienes miraban televisión genuinamente, había varios que empleaban el televisor como monitor para usar sus laptops. Algunos hacían algunas transacciones comerciales o financieras, comprando algunos objetos en e-bay, o bien transfiriendo dinero entre sus cuentas personales –y muestra atrás algunas fotos de esos movimientos bancarios–. La mayoría eran por poco dinero, pero hubo una que me llamó la atención –y se ve la foto de un envío de fondos que superaba los 250 mil dólares”.
A esta altura creo que todos los que lo escuchábamos estábamos fuertemente impactados. Las fotos que él reproducía en la pantalla no dejaban lugar a dudas. Si eran o no de pasajeros del hotel es otra historia, pero que Holman había tenido acceso a ese tipo de transacciones en algún momento, tampoco.
No es que ni usted ni yo sospechemos que todo esto es imposible, en la medida en que operamos con la tecnología digital que hoy tenemos a disposición, pero la bofetada en la cara para todo lo que se dice sobre seguridad era evidente.

“Levanten la mano las personas que tengan las tarjetas de crédito más modernas, aquellas que tienen un código de seguridad en un cuadradito [3] (y mostró un ejemplo) que supuestamente es inviolable. Necesito cinco voluntarios.”
Cinco personas, reticentes en principio, subieron al escenario. Holman escaneó las cinco tarjetas, consiguió los datos personales que buscaba y los exhibió en la pantalla gigante que estaba detrás de él. La inviolabilidad de las tarjetas quedó destruida.
“Este aparato se puede conseguir en e-bay por ocho dólares. O en cualquier negocio que venda artículos electrónicos.”

Holman siguió. “Si me lo propusiera, podría rastrear los movimientos de todas las personas que están acá en la sala y que tienen un teléfono celular inteligente [4]. Y podría saber dónde están y/o dónde estuvieron. Y sin apelar a nada diferente de lo que ahora usan todos los autos modernos: un GPS. Más aún: con un poquito más de sofisticación, podría interceptar todas las conversaciones telefónicas.”

La lista podría seguir, pero creo que es más que suficiente. En todo caso, todo lo que uno sospecha que podría pasar cuando usa una computadora personal, un teléfono celular o cualquier aparato equivalente... pasa. O en todo caso, puede pasar. Basta que alguien (un hacker) quiera buscar el costado vulnerable que uno deja en forma totalmente inconsciente para que lo encuentre.
No quiero decir con esto que toda transacción comercial o financiera esté siendo violada, ni que todas los operaciones con cajeros automáticos o compras con tarjetas de crédito lo sean, o que cada vez que uno usa una laptop o computadora está siendo observado. No. Sólo quiero decir que hay un grupo de personas que tiene acceso a muchas operaciones cotidianas a las que el ciudadano común, como usted y como yo, no les prestamos atención.
Hay sistemas de seguridad que funcionan bien, pero hay que usarlos. Sobre todo, si uno cree que le importa conservar su privacidad. De todas formas, uno ha venido dejando señales y rastros de muchas otras formas sin haberlo advertido en forma consciente. Si alguien quisiera, podría llevar un registro de todas sus conversaciones telefónicas, los números a los que usted llamó, desde qué teléfonos los hizo, descubriendo además desde dónde los hizo, cuántos minutos habló, etc. Puede descubrir también quiénes lo llamaron y desde dónde, y la duración de las llamadas. Pero también, si le interesara, una persona podría saber todo lo que usted consumió y pagó con su tarjeta de crédito, a qué restaurants concurrió, cuánto pagó, qué libros compró, qué películas vio, cuánto pagó de luz, de gas, qué revistas lee, qué diarios lee, qué auto usa, cada cuánto cambia su auto, etc. La lista de huellas que hemos dejado es imposible de borrar ahora.

Tuve una charla con Holman de más de una hora. Le pregunté ¿qué es lo que no puede hacer un hacker? Me respondió con total convicción: “Nada. Si yo tengo las herramientas, el dinero y el tiempo, no hay nada que sea inviolable. Lo que la gente tiene que hacer es no repetir los passwords y cambiarlos con mucha frecuencia, no creer en la seguridad de las páginas web”.
Y siguió: “Pero no hay que volverse paranoico. ¿Por qué habría alguien de seguir a algún o algunos individuos? En principio, los objetivos son otros. Todos los programadores usan para escribir software los mismos ladrillos, como si fueran los bloquecitos de Lego [5]. Si alguno de nosotros descubre una hendija para acceder a una de las construcciones, la va a usar cada vez que aparezca en cualquier otro emprendimiento. Y la variedad no es tan grande: sólo hay tres sistemas operativos que usa la abrumadora mayoría de las personas: las diferentes variantes de Windows, los OS X (que usan las Mac) o Linux. Pero le insisto: yo no quiero decir que esto es lo que yo hago, digo que esto es lo que se puede hacer. Pero para poder hacerlo, hay que querer... y tener los recursos para hacerlo”.

Me dio después algunas respuestas a lo que intuyo es su preocupación, porque es la mía: no pensar que porque uno está conectado vía ethernet está más protegido que si usa una conexión wi-fi. No creer que porque la información que circula aparece encriptada, eso la hace inviolable. Es más segura, pero siempre es violable, si hay alguien a quien le interesa interceptarla.
Pablos me explicó después cómo puede intervenir la conexión bluetooth entre un teléfono celular y un audífono inalámbrico, probando con ¡10.714.295 (más de diez millones) de PINS (o códigos de seguridad) por segundo! Otra vez, en seis segundos la conexión ha sido “crackeada”. Y por lo tanto, todo lo que funcione con tecnología bluetooth puede ser “intervenido” de la misma forma.
Holman me habló de la posibilidad de detectar los pasaportes (que ahora tienen un chip incorporado), o los mensajes de texto que son enviados entre teléfonos o computadoras o lo que fuere.
A esta altura, ya me había convencido. No necesitó más ejemplos.
Para terminar: Holman se encargó sistemáticamente de aclarar que no se trataba de que él (o un grupo cualquiera de hackers) estuviera haciendo ninguna de las actividades que él describía. Pero lo que sí quería enfatizar es que es posible. Después, hacerlo o no hacerlo, es otra historia.

El mundo de los hackers es fascinante. La capacidad creativa que tienen es notable y ciertamente no convencional. Dos ex alumnos míos penetraron en una de las computadoras de la NASA. Dejaron un mensaje: “No queremos hacer ningún daño, sólo mostrarles la vulnerabilidad de los sistemas de seguridad que usan”. ¿Cuál fue la respuesta de la NASA? Los convocó a Estados Unidos y los contrató. Ahora ellos forman parte del grupo de “defensa” de las computadoras que usan los norteamericanos y trabajan desde la Argentina. Y lo mismo sucede con muchísimas grandes empresas que contratan hackers para que los ayuden. Como dice Holman: “Lo que sucede en la mente de un hacker es lo que hace falta para poder inventar y descubrir nuevas posibilidades”.

Moraleja: si usted estaba preocupado por las potenciales invasiones a su privacidad, hace bien. Protéjase entonces. Use diferentes passwords. Cámbielos con frecuencia. Si necesita hacer transacciones importantes, hágalas con gente que entienda..., incluso si tiene que contratar hackers para que lo protejan, hágalo. Pero no tiene sentido volverse paranoico.

Una frase última de Pablos me dejó pensando: “Si a usted lo persigue un oso, su preocupación no debería ser poder correr más rápido que el oso. Le alcanza con correr más rápido que sus amigos”. Traducción: los que buscan vulnerar los sistemas de seguridad tienen peces más grandes para freír que usted. Puede que su turno no llegue nunca, pero no se crea invulnerable.


Notas:
(1) Hacker es la palabra inglesa que sirve para describir a quienes se especializan en acceder a los códigos de seguridad de las computadoras, acceden a ellas afectando la privacidad que supuestamente cada uno de nosotros cree que tiene. Algunos de ellos, quizás la mayoría, pero es difícil saberlo, intentan socializar el software, de manera tal que nadie pueda arrogarse la propiedad intelectual de algo que se escriba para ser usado en una computadora personal. Para Holman, un hacker es aquel que intenta descubrir todo lo que es posible hacer con un objeto que usa tecnología digital.
(2) Si bien la palabra de Holman aparece entre comillas, no se trata de una versión textual de sus dichos porque yo no tenía grabador ni tampoco hay hasta acá una filmación accesible. Pero la esencia de lo que dijo es lo que me importa reproducir en el texto.
(3) Se refiere a las nuevas tarjetas de crédito que tienen un chip incluido y usan la tecnología RFID que permite que usted haga una compra usando la tarjeta sin necesidad de firmar: basta con que un escaner lea su información “encriptada” y que la transmita por radiofrecuencia.
(4) Holman hablaba de los Blackberry o Android o Iphones, etc. Cualquier teléfono celular que funcione como un GPS (Global Position System).
(5) LEGO es una marca registrada de los bloquecitos o ladrillos que los niños (o no tanto) usan para construir desde casas hasta aviones, autos, tractores, etc. En mi época se llamaba Mecano. Ahora son bloquecitos LEGO.

lunes, 1 de agosto de 2011

ADOLFO EMILIO CARLOS KOSTIANOVSKY

Hay personas que quedan vinculadas a nuestras vidas de manera indeleble. Par mí, una de esas personas fue el Gordo Kostianovsky, como lo conocíamos en el barrio y en la Facultad de Ingeniería. En su cédula de Identidad figuraba con el nombre de Adolfo Emilio Carlos, conocido solo por sus familiares más íntimos y algunos de sus amigos más cercanos. Juntos hicimos cotidianamente, el camino de ida y vuelta a la facultad de Ingeniería, en la que él cursaba el 2º cuando yo empecé. Pero, además de la carrera que seguíamos, exitosamente culminada por él y abandonada por mí, a mitad de camino para abrazar el periodismo, otras cosas nos unían. Hijo de periodista - ¡y qué periodista!, escribía muy bien y recuerdo especialmente un informe especial (debe haber sido el primero de una interminable zaga) sobre el Hospital de Clínicas, desnudando tantos sus sacrificados esfuerzos, como las tragedias humanas que cotidianamente se viven en ese nosocomio. ¡Y de eso ya hace 50 años!

Nos unía también el fútbol, aunque él seguía a muerte a River Plate, como toda su familia, y yo al Ciclón de Barrio Obrero, y ambos -asiduos lectores de El Gráfico y Goles- nos enfrascábamos en atrevidos dime diretes sobre el fútbol argentino. Enamorado del ajedrez fue siempre sino el primero, el segundo tablero de la facultad de Ingeniería. Frecuentaba el par de Alfiles, recientemente fundado por ese tiempo, y participaba de los torneos de la Federación. A mi el ajedrez me afectó solo tangencialmente, y no logro Adolfo contagiarme esa pasión.

Lectores ávidos, los dos, nos intercambiábamos libros y revistas, una práctica frecuente en nuestros años jóvenes y que hoy está en vías de extinción. Como yo me había casado muy joven, visitaba a mis amigos del barrio y hasta llevaba a la facultad a mi hija, Sarita, de quien Adolfo se enamoró, y le llenaba de regalitos. Pepa, su hermanita, actuaba de baby sitter cuando los visitaba, mientras juntos hacíamos algún que otro trabajito, ya inmersos en la carrera que seguíamos.

Así fue como un día nos chocamos ‘literalmente’ con el Ing. Fidencio Tardivo- a la sazón gerente de la Ande, en el laboratorio de Resistencia de Materiales. Pregunta va, respuesta viene, nos comento que andaba detrás de dos estudiantes que quisieran realizar unos trabajos de granulometría y pruebas de rotura de hormigón armado, para la construcción de la usina de Acaray, con material extraído del lecho del río Paraná. No cortos ni perezosos aceptamos de cajón y durante un par de meses se nos veía a ambos trabajar horas enteras en un laboratorio cuya utilización estaba supeditada solamente a las horas de cátedra de esa materia.

Así, sin quererlo, nos convertimos en los primeros contratados para un trabajo hidroeléctrico de envergadura, que luego se convertiría en el orgullo del país. Cobramos una suma que equivaldría al menos 10 sueldos mínimos de le apoca, y felices y contentos fuimos a celebrar al Lido Bar, una calurosa mañana de diciembre. Esas mismos resultados fueron utilizados luego en Itaipú, según supimos mucho después…

Pero la vida nos tenía reservadas más sorpresas aún: se enamoró de mi prima, Puppe Pankow y se casaron, ya cuando él era todo un ingeniero, y ella doctora en bioquímica. Fuimos primero amigos, y después parientes. Esa misma vida que nos unió en la juventud fue separándonos en la edad adulta. Nos mudamos, y solo sabíamos el uno del otro, por Pepa, quien comenzó a trabajar en periodismo en 1973, en el flamante Diario Última Hora, dirigida por Isaac Kostianovsky. Ella trabajaba en el área social y cultural, con Ana Iris Chávez de Ferreiro, y a mi Kostia me eligió como el primer jefe de deportes de ese diario, en el que Papu Rojas hacia también sus primeras experiencias como administrador periodístico.

Adolfo fue uno de los primeros que encaró un proyecto de barrios cerrados, asociado con Humberto Rubín, otro de sus grandes amigos. Los primeros emprendimientos tuvieron éxito, pero después parece que la fortuna comenzó a apuntar para otro lado. La sociedad se rompió y el destino lo empujó a él, a mi prima, Puppe y a su familia, a la tierra de sus ancestros. Desde entonces supe poco, casi nada, de él y de la prima. La noticia de su fallecimiento, un 1º de agosto, de 1991 -¡20 años ya han pasado!- me dejo atribulado, y solo a Pepa le pude hacer llegar mi pésame solidario, mi dolor, y mis nostalgias...

Hoy a la distancia, se renuevan los recuerdos, brotan los sentimientos, reverdecen las evocaciones, y parece que fue ayer nomás que caminábamos juntos por las calles de Asunción forjando nuestros sueños, camino de la Facultad de Ingeniería… rumbo a la cancha, o simplemente visitándonos en nuestras casas, fumando un buen pucho, sorbiendo un buen vino y avivando la llama de una amistad que el paso del tiempo ni la muerte han podido quebrantar… ¡Salud!
José María Troche
1º agosto 2011

jueves, 21 de julio de 2011

Homenaje a la selección paraguaya en vísperas de la final

ODA ÉPICA ALBIRROJA


Digan lo que digan Paraguay
ha de seguir ganando, olé ola
Con penales o con maña
seguiremos adelante, ole olá.

Llórenle a su abuela
los de Venezuela
lloren en un un barril
todos los en Brasil.

Muéranse de rabia, métanse en una tina
Paraguay sigue adelante, fuera esta Argentina.
Griten como quieren, coman alcauciles
Paraguay sigue adelante, dijo adiós Chile.

Busquen una trivia,
despidanle a Bolivia.
Hagan syryku,
y griten chau a Perú.

Parece un colador, la defensa de Ecuador
Chau  ballenato y la cumbia, Tambien afuera está Colombia.

Jajaja, que risa que meda
lloran los yagua ry'ái
pero siguen tan campantes
Uruguay y Paraguay.

Canten los charruas, todavía estan a tiempo.
El domingo a la tres, comenzará su tormento
La albirroja esta lista, para empezar el conato
porque si de algo estoy seguro es que paraguay

ganará el campeonato...

viernes, 15 de julio de 2011

Herencia histórica del Liceo de San Carlos

Fundado en 1946, el Liceo de San Carlos fue uno de los colegios emblemáticos de nuestro país, en la primera mitad y años siguientes del Siglo XX. Nació como respuesta de un grupo de profesionales, activos miembros de la Acción Católica paraguaya,  a la corriente positivista y anticlerical, en boga en ese tiempo. Funcionó desde el año de su fundación hasta 1973. Por sus aulas pasaron destacadas personalidades de la vida política, social y religiosa de nuestro país, y  destacadísimos profesores.
Resulta grato evocar los recuerdos que ha dejado en el ámbito estudiantil paraguayo el Liceo de San Carlos, en un tiempo en que numerosos colegios de calificada reputación intervenían en la educación secundaria, más allá de los colegios públicos y confesionales o religiosos.

“Tu nombre nos viene de lejos…”   
“San Carlos, tu nombre nos viene de lejos; llegó de la historia con claros reflejos. Ahuyentas las sombras con luz de tus rayos, tu nombre es blasón, cien por cien paraguayo”, dice la primera estrofa del himno del colegio.     

La historia nos cuenta que el Real Colegio Seminario de San Carlos comenzó a funcionar el 12 de abril de 1783, en la  casona de los jesuitas, cuyos bienes fueron traspasados para el sustento y manutención de la nueva institución. Asistieron a su inauguración el gobernador Pedro Melo de Portugal, el rector Gabino Echeverría Gallo y la participación de la ciudadanía. Fue la primera y única institución de enseñanza superior que funcionó durante el período colonial en nuestra nación.    

Duró poco. El Real Colegio Seminario de San Carlos prolongó su vida hasta 1823, año en que fue definitivamente clausurado por uno de los antiguos catedráticos, el dictador Francia. En ese lapso fue de extrema utilidad para el desarrollo cultural del Paraguay. Los sacerdotes más ilustrados del clero criollo y mucho de los gestores y ejecutores de la independencia.     

Laico con orientación católica   
Liderados por Anselmo Aveiro, un abogado y ex alumno salesiano, un grupo de miembros de la Acción Católica decidió fundar un colegio laico de orientación católica, en el que los jóvenes pudieran educarse en los valores y en la vida. Entre quienes redondearon la idea figuraban: el doctor Mario Luis De Finis, el doctor Enrique Bravard y el profesor Cirilo Cáceres Zorrilla. Eligieron nombrar al colegio con el mismo título de aquel que fue cerrado por Francia, pero se encontraron con la negativa del Ministerio de Educación “porque ese nombre pertenecía al Estado” y el ministro, J. Eulogio Estigarribia, sugirió el nombre con el que se quedó: “Liceo de San Carlos”.    

El doctor Aveiro ejerció la dirección general del colegio y eventualmente tuvo también directores de secciones, como las profesoras Lidia Velázquez, Magdalena Sosa de Erico y Carmen Báez. Durante varios años fue el profesor Dagoberto Viveros el secretario general del colegio. El primer asesor religioso fue el célebre pa’i Pérez (Ernesto Pérez Acosta), a quien reemplazó luego el P. José Nicolao.    

Profesores y ex alumnos   

Hay que recordar que el liceo formaba bachilleres humanísticos y contadores públicos. Con solo repasar los nombres de los profesores que impartieron clases en las aulas del San Carlos puede uno darse cuenta de la jerarquía de la institución: Dr. Hugo González, Dr. Carlos R. Centurión, Julio César Cazal, Sara Cáceres, Irmina C. de Lezcano, Luis Alfonso Resck, Dr. Antonio Ruotti, padre José Nicolau, Ofelia Gómez Bueno, Lic. Clotilde De Finis, Sara Colnago de Benítez, Dr. Enrique Giménez Uriarte y Hernán Viveros.    

Igualmente se cuentan los nombres de la Lic. Gladys S. de Fernández, Astrid Vega Medín, Alicia Bravard, Mamulet Galiano, Pastor Giménez, Dora Galeano, Dra. Nélida Amábile, Dr. José Luis Appleyard, Augusto Cáceres Carísimo, Cirilo Cáceres Carísimo, Prof. Pedro Ruiz, Zipora Kessler, Ángel Sosa Constantini, Prof. Pablo Alborno, Prof. Gómez Sanjurjo, Dr. Roberto Ciccioli, todos del bachillerato, entre otros.    

No se puede olvidar tampoco a los profesores: Víctor Rojas, Carlos Cartes, Célica Lezcano, Martín Llano, Luis Amarilla Fretes, Sra. Porcio de Ramos, Alcides Ferreira, Augusto Cáceres Carísimo, Ethel Stark, Carlos Morínigo Escalante, Domingo Laíno, Beba García, Federico Donna y Nicolás Leoz.    

Primeros  egresados   
Tras los seis años de estudios secundarios, en 1952 egresó la primera promoción del colegio, con la denominación de “Fundadores”, pues la mayoría de los egresados fueron también los primeros inscriptos en el liceo.    

Contadoras: Porfirio Agüero Benítez, Ida Isolina Acosta, Heriberta Bareiro, Rosa Bogarín, Dora Romana Cabrera, Graciela Jara Franco, Ángela Morel Fleitas. Lucio Pérez Gamarra. Fredesvinda Osorio, Consorcia Nélida Román, Carmen Dora Torales, Sara María Tuma. Rito Stmillssen Vera, Noemí Vargas y Julia Vicentina Walder. Bachilleres: Beatriz Acosta Caballero, Luz Elba Acuña, Asunción Arévalo, Teresita del Niño Jesús Guerrero Padin, Fulvia Stella Stefanich y Nelly Stella Taboada. Francisco A. Aguilera. Narciso Alarcón, Tomás Barrios R., Alejandro Bibolini, Juan B. Cassanello, Osvaldo Camperchioli, Atilio Rolando Fernández, Benigno Flecha, José María Galiano V., Luis María Giagni M., César A. Lacarrubba, Braulio Machuca Vargas, Emilio Pallarolas, Luis Alberto Pefaur. Miguel R. Porzio, Anselmo Roca Cuevas. Gustavo Cándido Riego, Fabio Ramón Roa, Eduardo A. Talavera, Carlos María Vázquez y Roque J. Yódice.    

Acto por el bicentenario
Un grupo de ex alumnos del liceo se encuentra organizando un acto patriótico, el 20 de agosto. Será frente al Panteón de los Héroes, donde depositarán una corona de laureles, y rendirán homenaje a los forjadores de la patria.  Desde ya se invita a los ex alumnos a sumarse a esta iniciativa contactando con Hebe de Giménez Rueda, 602-667, y Mirtha Lavigne: 370-094.